miércoles, octubre 03, 2007

Del diario de Karam

Ya habrá tiempo de narrar mi llegada al Cabo, más no puedo dejar de compartir con uds el relato que acabo de leer y que aún me tiene shockeado. No hablaré más, pues no estoy en condiciones de hacerlo, los dejaré sacar sus propias conclusiones, y me abocaré a revisar este diario, que parece contener demasiadas revelaciones. Luego me haré un té y probablemente me clave una paja corta. Espero puedan ayudarme a descifrar este episodio del orden de lo desconocido.


Bieckert, Alemania, 12 de febrero de 1981

Aquí van las primeras líneas que escribo desde que estoy legalmente muerto. Ah, brindo por eso. Dios, la cerveza en esta ciudad es excelente. Además ya me estaba hartando de tomar tanta soda.
El día de ayer fue acaso el más asombroso de mi vida. Y también, casualmente, el mismo que había designado para terminarla. Concluida la carta para Baker, me senté al borde de mi sucio catre y contemplé por última vez las descoloridas y grasientas paredes de aquella repugnante habitación. Sí, tal vez era más de lo que merecía. Antes de asumir la posición que tenía pensada para que mi corazón recibiera su violento y plomizo huésped, comencé a jugar con el caño de mi calibre 38 -sin duda por un acto reflejo, pues toda la vida me encantó hacer eso- frotándolo suavemente contra mi rostro. En algún momento de ese amoroso jugueteo, el orificio de salida del arma quedó perfectamente alineado con uno de mis ojos, y aquí es donde sucede lo increíble: un estruendo mudo, un relámpago negro. Silencio. Me creí muerto. Creí que el arma se había disparado por un accidente que, dadas las circunstancias, no había que lamentar. No razoné enseguida que estar creyendo estas cosas, u otras cualesquiera, debía implicar estar vivo, o al menos no estar muerto, nunca se sabe. Y fue entonces que el sueño, que no merece ser llamado sueño porque fue más real que vivir, comenzó a rodar, vertiginoso, anunciador. Cuando terminó yo seguía en Chucrut, sentado en el catre de una habitación de hotel y mirando fijamente mi pistola con cara estúpido. Sentí que me había ausentado muchos años, pero las agujas de mi reloj habían avanzado sólo unos pocos minutos. Inmediatamente agarré el primer papel que encontré (pues no recordaba donde había dejado este diario y temí que si lo buscaba empezaría inevitablemente a olvidar) y como un poseso escribí sin detenerme todo lo que había visto en mi profética Smith & Wesson. No lo transcribiré aquí, pues ese papel esta bien guardado y copiarlo de nuevo sería un garrón, pero sí diré lo esencial:
Veo una suerte de enorme hangar y un paredón bañado en una extraña luz azul. Delante de él hay cinco hombres alineados y sé que debo matarlos. Lo estoy haciendo, pero cuando llego al último de ellos no puedo creer lo que veo, debo quitarme del rostro la pesada máscara que llevo: inexplicablemente avejentado, temeroso e incrédulo, Sigmund Baker, mi capitán. Mi amigo.
Y yo lo libero.

Mi dios particular había obrado un milagro. El hombre cansado, fugitivo de la justicia y harto de la vida que hasta ese momento era, tenía ahora una razón para seguir adelante: esperar, existir hasta el día que le fue destinado para convertirse en salvador. Ignoro cuánto tiempo falta para ese día, pero carece de importancia. Ayer comprendí que la ansiedad no serviría de nada y que más me valía estar preparado. Comencé de inmediato. Si la policía da conmigo me espera la cárcel de por vida o algo peor, así que mi única opción es desaparecer. Mientras me preguntaba cuál era el mejor modo de llevar a cabo este acto de magia, la solución golpeó mi puerta:
-¿Quién es?- pregunté mientras quitaba pestillo de seguridad a una granada de mano.
A pesar de mi escaso dominio del alemán, la respuesta me llegó cristalina:
-Sooodero!
Con toda prudencia, me incliné sobre la mirilla de la puerta. Lo que vi fue la confirmación absoluta y divina de mi destino: fue como mirarme en un espejo. El sodero era mi doble exacto. Incluso mi porte fornido y atlético, que pocas veces he visto en otro cuerpo, encontraba su réplica fiel en mi nuevo amigo. Supongo que transportar sifones toda la vida le habrá dado el mismo vigor que a mí el trajinar de las arenas y de la guerra. Pero en fin, el curso de acción era obvio, mi camino se despejaba.
La única diferencia que noté entre aquel trabajador de la soda y yo durante nuestra breve amistad, fue que él no parecía dominar ninguna disciplina de combate mortal. Por eso es que ahora su cadáver yace en un sucio catre de hotel, con mi uniforme oficial, mis documentos, y una bala en el pecho. Por eso conduje toda la noche su destartalado camión Mercedes-Benz cargado de sifones hasta llegar a esta bella ciudad, haciendo algún que otro alto en la ruta para observar las estrellas, beber un poco de soda, y soñar con lo que me espera.

13 comentarios:

Lau dijo...

qué decepción... qué decepciónnn!

ya no quedan más héroes.. como diría una amiga...

salutes Cap&tán.

cajadegoma dijo...

aun no lo leo pero no soporto ver esas letras minusculas.

son horribles
maldito capitan, te estas poniendo marica.

maga dijo...

así es lau, ya no quedan.

karam y moncada
la patria liberada!
(susurran las paredes de La Paternal)

cajadegoma dijo...

yo creo q el karam este es el mismo trànfuga de Bordados Caca.

lo digo asi para no vender a nadie.
ok?

"A pesar de mi escaso dominio del alemán, la respuesta me llegó cristalina:
-Sooodero!"

esto me hizo reir.

Oscar Grillo dijo...

Epidosio?

m a g a dijo...

los soderos tiene buena fama en mi barrio...

Álvarez Gómez dijo...

Baker,

tengo una propuesta para usted.
pablo_ottonello@yahoo.com.ar

escríbamé que no tengo cómo contactarlo.

•º·•ShÔw)V(êThé®aiN•·º• dijo...

caraza not dead!


igual coincido con goma que las letras pequeñas son fuckin horribles.

EL GUANACO dijo...

quienes blasfemen al Teniente Karam, merecen que se les seque el choto en vida________!!!!

cuanto peor mejoR!!!!!!!

EL GUANACO

viruta dijo...

a mí me parecen interesantes las minúsculas

vendrían a representar como el habla de un heterónimo

también me dio risa la parte del sodero

está bueno mezclar risa sorpresa hartazgo y demás chanchullos emocionales

a quién no le gusta ser turbado?

Alan Murray dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alan Murray dijo...

Wow! No esperaba algo tan bueno en esta pagina. Enhorabuena, me has sorprendido capitan.
En todo sentido se trata de un relato impecable.

Los debates dialecticos que han servido para distanciarnos no significan nada ya. El tiempo y la distancia, al menos en esta oportunidad, jugaron a nuestro favor.

Lo aprecio.

Alan Murray

Anónimo dijo...

KARAM VE EL FUTURO