domingo, agosto 31, 2008

El escuadrón de la muerte y la muerte del escuadrón.

Ser preciso y discreto no es mi estilo. Soy más bien un salvaje, una mole rápida que puede romperte los huesos antes de que entiendas que pasa. Me gustan las sorpresas, me gustan los golpes justos. Corrijo, soy preciso a la hora de atacar, soy discreto al llegar. Pero cuando abandono la escena siempre me pasa alguna. Trabajé durante los años de mi juventud en un escuadrón de la muerte al lado de dos de mis hombres más leales. Uno de ellos era Ruso Mugrasi, un judío marroquí que tenía más furia que sangre en las venas. Y un olor a chivo que te la regalo. Era mi mano derecha y un traidor de antología, mal combo. Me gustaba su forma de encarar la logística de las misiones, era culto y siempre aportaba el dato que nos salvaba el pellejo. El otro era el teniente Karam, mi mejor amigo. El primero se fue del escuadrón por un tema de guita, Karam tras una mujer. Le advertí que era peligroso, sucio e inmoral. No me hizo caso y se marchó, dejando el escuadrón y un vacío en mi pecho. Desde ese día trabajé solo. Asesino y espía al servicio de su Majestad. Fueron 3 años de piñas, sangre y muerte. Me forré de plata y me retiré con la conciencia sucia y este tajo en la espalda. Sorry, me quiero hacer el escritor coloquial y me olvido que si me señalo el tajo, ustedes no ven el tajo. Como dice mi profe de escritura “la idea es ser fresco a la vez que descriptivo”, así que les cuento que tengo un tajo en la espalda, chiquito pero profundo y con sangre seca que lo cubre. Es feo, me duele y me recuerda mi última misión. La misión en la que me hice el tajo. Tenía la orden de buscar a un tipo muy pesado que había estado moviendo guita trucha y falopa de la mala en las calles del Bronx. Le decían Tony Mugriento o Mugre Tom, ni me acuerdo. Tenía una banda de drogones que lo seguían a todos lados y eran peligrosos porque no tenían nada por perder. Yo sabía que su base de operaciones era un sótano entre la 13 y la 51, frente a la cantina del Tío Joe: los mejores fideos con tuco de Nueva York y las mejores putas. Entré al bar 2 horas antes de la acción y dije: Baker vas a tomarte esto con calma, vas a comerte esos fideos y esas putas y luego harás lo que sabes, irte sin pagar y armando un escándalo. Y después vas a matar a Tony Mugriento y a esa pandilla de droguetas. Y eso hice. Pero al final pagué porque me agarraron amagando a ir al baño y me dio vergüenza mal. A la puta le pedí el teléfono y me dijo que me había comido cualquier onda y que todo bien pero goodbye. Eso me dejó medio bajón y cuando entré al sótano me tropecé, me caí contra unos barriles y me hice el tajo en la espalda. Pero como soy rápido y letal maté a Tony Mugriento y a toda la banda en menos de 10 minutos. Junté la guita, junté la falopa, puse todo en un bolso y lo tiré al mar. La falopa es mala y la guita me re confundí, porque la metí en el bolso por un tema de comodidad y después me avivé pero ya estaba en el agua y no me iba a tirar porque hacía un frío que te morías. Volví a lo de Tío Joe y me senté en la barra, me pedí otros fideos con tuco y otra puta. Vino la misma y le dije que no estaba para garchar de nuevo. Le conté la historia de mi vida y creo que se enamoró. Le dije que dejaba el escuadrón, que era mi última noche y que si quería podía venir conmigo. Me dijo que si y me arrepentí de una. Le di un beso en la boca y le dije que la esperaba afuera. La esperé afuera y me arrepentí de una. Nos casamos, tuvimos dos pibes y trabajé 4 años en una casa de artículos deportivos. Una tarde le dije que me iba a comprar cigarrillos y me fui. Compré cigarrillos y volví, no sabía que hacer. Los pibes crecieron y se anotaron en la facultad. Yo me di cuenta que me había mandado cualquiera pero que quizás era todo un sueño. Y era todo un sueño. Los pibes no habían nacido, no había comprado cigarrillos y no me había casado y no trabajaba en una casa de artículos deportivos. Todavía estaba afuera en el callejón, esperándola con el tajo en la espalda y un poco de frío. al lado tenía un vagabundo con un sobretodo sucio y un sombrero limpio. Le pedí la pilcha y yo me vestí de vagabundo y el de Capitán Baker. Y cada uno hizo la vida del otro hasta que nos aburrimos y seguimos con otra cosa.

lunes, agosto 25, 2008

Fabulosos premios

La vida puede ser realmente una mierda. Recibo esta mañana o hace tres días un sobre cerrado con una notificación dentro: Usted ha ganado una casa, una esposa, un grupo de maravillosos amigos y tranquilidad económica. Sonrío. Era hora. A veces estas cosas suceden, me digo a mi mismo, mientras me contemplo desnudo otra vez frente al espejo y descorchando una botella de Michel Torino, Colección Zirah. Rico vino, amargo desenlace. Cuando doy el último sorbo y brindo con mi obeso y avejentado reflejo, me doy cuenta que irremediablemente voy a buscar el premio que con la habitual burocracia van a demorar en entregarme, que finalmente cruzaré un dialogo desgastante y violento con un empleado que olvidará mi rostro y que, ya en casa, mi nueva casa, voy a poder descubrir el rostro de mi esposa trofeo, celebrar con mis relucientes amigos y poder decir con convicción que “Por suerte con la gorda estamos tranquilos económicamente”. Mis amigos celebrarán la buena nueva, alguien pedirá que traiga más vino, alguien pedirá que se suba la música, y bailaremos, reiremos y será una fiesta. Y los años pasarán gloriosos y amarillos ante nuestros ojos, ante nuestros hijos. Y nunca enfermaremos porque el amor todo lo cura. Y ella me dirá que desde aquel día en que nos conocimos en ese bar por error todo le pareció un sueño. Y yo sabré que es un sueño. Y yo sabré que la gané en uno de esos sorteos que la gente nunca gana. Y que por eso es un sueño, y que por eso no me acuerdo su nombre pero igual la beso. Y alguien me dirá que ya no soy tan divertido como era antes y que porque ya no juego al badminton, y yo diré que nunca jugué al badminton y me haré llamar Baker durante algunos amarillos y un otoño sabré que mis hijos están lejos, que mis cuentos se perdieron, que me duelen las manos. Y entonces inventaré la hazaña que me dio la insignia de Capitán, y narraré sobre un batallón invencible de grandes y legendarios amigos, y comeré salmón con ella y miraremos el mar. Y “¡Qué cosas tan dulces dices!”, y “Siempre quise volver a Tephersone”, y besos para mi, y caricias para ella. Y un día llegará un sobre, sin remitente y sin fecha. Y me agacharé a buscarlo, ese día o el siguiente. Y miraré la hora y no podré saberla. Y el amarillo es un rojo pálido que lo cubre todo, y no soy Baker, y no estoy con ella, y no es la casa que ganamos esa tarde. Pero me duelen las manos.

viernes, agosto 08, 2008

HOMENAJE



Además de nóveles artistas y pelotudos doctorados. Capi Baker recibe muchos trabajos de Artistas Consagrados. Artistas como Andrés Casciani, quien, voluntariamente y como gesto de amor incondicional, me envío estos trabajos, deliciosos para el paladar de cualquier buen samaritano que me retratan a la perfección y que me llenan los ojos de lágrimas. No me dan ganas de hacerme el chistoso porque estoy emocionado y convencido de que este espacio tiene el summun de hacer amigos y generar un rico intercambio. Algunos, pueden usarlo para agredir, bastardear, quejarse o pegar foto hot en corpiño. Yo no. Yo digo, seamos amigos, trabajemos juntos, escribamos y juguemos. Y si, después da, fotos en corpiño no me jode.
Para quien quiera saber un poco más sobre la vida y la obra de Andrés Casciani, aquí va una reseña redactada por nuestro especialista en artes y cultura, el señor Julio Jesús Rapeppot.
Andrés Casciani
Por Julio Judas Rapeppot

Nace en Mendoza en el año 1982 del vientre de su madre.
Es egresado de la Escuela Provincial de Bellas Artes de Mendoza, con el título de Bachiller con Orientación Artística. También es egresado de la Carrera de Artes Visuales de la Universidad Nacional de Cuyo, con los títulos de Profesor de Grado en Artes Visuales y Licenciado en Artes Visuales. Y además, es un gran cantante de cumbias melódicas románticas.
Realiza dibujo, grabado y pintura. Además se desempeña como ilustrador en el diario “El Sol” de Mendoza y en diversos medios digitales. Dicta clases de arte a niños y adultos, y a veces, se pasa de rosca y los manosea sin permiso.
Su obra se caracteriza por combinar elementos derivados del cómic y la ilustración infantil con otros recursos propios de las artes plásticas tradicionales. Como podemos observar en este Capitán Baker que montado sobre su propia verga, se eleva en vertiginosa cabalgata (aunque cabalgar viene de caballo y acá con hay caballo).
Las imágenes se encuentran apoyadas en un uso muy expresivo de la línea, utilizando el dibujo visceral como punto de partida para todas las búsquedas estéticas. Se considera a si mismo como “un grande del arte y de la vida” y si bien, es un pibito, cada día se levanta, se mira al espejo y dice una y mil veces “Vamos Casciani, hoy te garchás al mundo entero”. A veces se lo garcha. A veces no, pero liga un pete.
Desarrolla temáticas sencillas y las transmuta a través de una estilización muy subjetiva que refleja los distintos extremos de los estados anímicos. Ponele, dibuja una vaca, pero en lugar de hacerla tranqui pastando como otras vacas, la hace en una carrera de motocross, re sacada y a punto de pegarse un accidente cerebrovascular.
Sus ídolos son, Francis Bacon, Oscar Grillo, Ralph Steadman, Leo Montero, Vincent Van Gogh y Capi Baker.
Relacionada con los planteos de la neo-figuración y el expresionismo alemán, en la obra hay una constante búsqueda del dominio del oficio combinada con la expresividad como máximo ideal, como él mismo señala “Quiero dibujar cada vez, lo más lindo posible”
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