miércoles, septiembre 24, 2008

Noche agitada 1: Reencuentro conValentini

No exagero una mierda cuando digo que Norberto Valentini era el tipo más pintón de Uruguay.
Y si exagero, exagero apenas. O un montón, porque la verdad que cotejar la pinta de Norberto Valentini con la de cada habitante del Uruguay es algo materialmente complicado, y además, bastante inútil, dado que el asunto de juzgar quién es más pintón que quién es algo subjetivo.
Tan subjetivo que uno puede contradecirse en tan solo segundos. De repente estoy en una fiesta, ebrio de alegría y gin tonic, bailando espalda con espalda con una señora a la que ni conozco y, como quien no quiere la cosa, me abuso de que la música está fuerte para hacerle un comentario a Norberto (quiero, secretamente, rozar sus labios con mis bigotes). Ahí lo tengo, en un instante es hermoso, por eso lo beso. Su rechazo, su mirada arrogante y su desprecio lo vuelven horrible.
Pero miento. Norberto me gusta más que nunca después del rechazo, y quien se vuelve horrible soy yo. Mis orejas empiezan a levantar temperatura, un poco por vergüenza y un poco por bronca, mientras busco una frase que cuadre con la situación. "¿Pero quién te creés que sos?" Sé que es una tontera, que no es la frase indicada, porque la respuesta es fácil, la sabemos todos, la respuesta es Norberto Valentini. Pero no se me ocurre otra cosa. Por eso se la grito en la cara. Y me quedo paralizado, y el resto de los invitados a la fiesta también queda paralizado, porque la respuesta es tan inesperada como paralizante: Soy Norberto Valentini, tu amo y señor, soy el tipo más pintón de Uruguay y el que te va a poner los puntos, maricón.
Me quedo duro. Todos me están mirando. El cuarto está lleno de vergüenza, mía y ajena. Me pongo las manos en la cintura y me mando una sonrisita canchera, sobradora, haciéndome el que tengo la situación controlada y sugiriendo que estoy por tirar un retruque de antología. Pero no llego a pensar en nada, porque sin querer se me va un pedo bastante sonoro.
Un silencio pronunciado da paso a una tos nerviosa, un mozo a lo lejos apoya unas copas sobre la bandeja, las miradas de todos empiezan a dispersarse y alguien tose. Otro se contagia; Norberto Valentini, que tenía en su cara un gesto desafiante, hace lugar a una sonrisa que adivino irónica. El silencio se va desvaneciendo cuando Norberto pide un segundo de atención. Yo estoy ahí parado, absorto, cuando pide un aplauso. No llego a escuchar pero se que me están aplaudiendo a mi. Me sonrojo, disimulo mis nervios como puedo y, como corolario, dejo escapar otro pedo que, percibo enseguida, sale con regalo.
Y entonces sí, la atención por fin se dispersa definitivamente, la gente vuelve a la gente y yo vuelvo a Norberto, el murmullo general se va levantando de a poquito, como la espuma de la leche al fuego, mientras yo me predispongo a pedir disculpas y portarme como un hombre por primera vez en la noche. Así que agarro mi Parker, un pedacito de papel, dibujo un corazoncito con un "I´m sorry" adentro, y le pido al mozo que se lo alcance al Sr. Valentini.
Pero el mozo esta al lado de Valentini y Valentini esta al lado mío, así que todos esbozamos una sonrisa que deviene en carcajada, en manos sobre los hombros, en risa fuerte, en jarana generalizada, en codazos cómplices y, cuando creo oportuno sugerir un todos contra todos, Norberto Valentini se desploma en el piso y se abre la cabeza como una sandía. Algún inoportuno exclama: flor de golpe. Pero ya nadie ríe porque Valentini murió.
El mozo se agacha para tomarle el pulso y se come mi revés de derecha, tan violento que le quedan los mocos para afuera. "QUE NADIE LO TOQUE", grito. Que nadie lo toque, que nadie lo toque, repito mientras me voy recostando sobre su cuerpo. Que nadie lo toque y me tiemblan los labios, y entre ellos está el bigote de Norberto. Que nadie lo toque y el último calor se va para siempre de su glande, entre las yemas de mis dedos.
Es una sensación hermosa que casi me hace acabar, pero estoy tan borracho que apenas la tengo parada. Me siento mal por muchas razones. Una, claramente es la muerte de Norberto que, como toda muerte, me hace pensar en mi muerte y eso es lo que más mal me pone, porque está clarísimo que debería ser inmortal. La otra es el papelón tremendo que hago tranzándome un cadáver en medio de una fiesta donde hay, por lo menos, tres periodistas de chimentos, y la última es que traje pantalón blanco y, en la pose en la que estoy, seguro se me ve la caca.
Después de eso la fiesta siguió tranqui, vino un mago, hizo algunos trucos que, te digo, me dejaron pensando, después vino un muchacho que contaba chistes y te hacía una comedia, muy bueno, como edi morfi o mejor, y a partir de ahí el clima mejoró mucho, el tipo hacía participar al público y nosotros nos descostillábamos de risa, después contó un chiste bastante arriesgado para mi gusto, sobre Norberto, que todavía estaba ahí tirado, pero la gente reaccionó bien. Y entonces yo, que a gracioso, gracioso por dos, quise transgredir un punto mas. Agarré a Norber, lo senté en el piso contra la barra, y le hice pis en el melón abierto.
Sorprendentemente, hubo una ovación.
Y no tan sorprendentemente, cuando salí me esperaba un patrullero.





FRACASO: Convencido de que detrás de cada episodio de mi vida se escondía el argumento para una monumental película, el Teniente Bornell desarrolló un guión en base a esta anecdota. Pero una serie de pésimas decisiones estéticas y el hecho de que solo duraba 20 minutos, la convirtieron en un suceso olvidable en la historia del cine.

sábado, septiembre 20, 2008

Sin foto y sin postre

Dame un beso en la boca y que sea rápido- le dije a Norberto Valentini la noche en que creí que era homosexual. No puedo- contestó, y me di cuenta que en verdad no quería- ¿No puedo?- pregunté- ¿No puedo o no quiero?- No quiero, me parece de putos y yo si algo no quiero ser es puto- dijo, y ahí nomás le metí un sopapo y me fui llorando como una nena. Tenía, si mal no recuerdo, 57 años, y una borrachera de novela. Había entendido todo mal, hacía 1 mes que no la ponía, estaba 6 kilos más gordo y pensé que me gustaban los tipos, que era homosexual. Lo pensé esa noche, la mañana y la tarde siguientes y sobre la madrugada me di cuenta que me había comido cualquiera, que era un papelón todo y me quise pegar un tiro. Así que agarré una 38 y me pegué un tiro. Como seguía borracho, erré y maté a un vecino que estaba tomando café conmigo. Por suerte era un viudo sin hijos y con muy bajo perfil, así que le metí dos tiros más para asegurarme, le corté las manos, y los pies, limpié las huellas y lo metí en una bolsa adentro del baúl. Enfilé para un restoran chino que habían puesto hacía poquito en Montevideo y lo tiré por ahí. Mafia china- pensé- Mafia china y a la mierda. Sos vivo Baker, sos vivo- dije un poquito en voz alta mientras manejaba hacia casa. Me vi de refilón en el retrovisor y me sentí un tarado por estar hablando solo. Me quedé en una silenciosa calma hasta que me entró la culpa: era asesino y homosexual. Una deshonra para la familia. Me empecé a maquinar con que estaba loco y me fui a dormir sin postre. Tuve pesadillas, todas con Norberto Valentini. En algunas nos besábamos, en otras no, y en una los dos matábamos a mi vecino y cuando escondíamos el cadáver nos besábamos. Al día siguiente me levanté cubierto por un sudor helado y con la sensación de que estaba por morirme. Llamé a una puta, le pedí que de camino se compré unas empanadas y cuando sonó el timbre me di cuenta que no tenía un peso. Tocó tres veces y me hice el boludo. Me tiré en la cama y me puse a llorar.

martes, septiembre 09, 2008

Sueño

Anoche vi un video porno. Una mina en una quinta ponía a 12 chabones en fila y les comía la garcha a todos uno por uno. Después, se ponía en el medio de una ronda y se iba comiendo las 12 garchas alternadamente. A veces de a 2 y hasta 3 garchas a la vez. Todos le acababan en la cara desmesuradamente. Un río de leche en los ojos, la nariz, la boca. La mina se reía. Por último, con toda la leche en la cara, llamaba a 2 amigas que se la lavaban a lenguetazos. Me bajé los pantalones, me hice una paja, no acabé, y me fui a dormir.


MALTRIP:hace tiempo que tengo pesadillas. Apenas me dormí, flasheé que era un enano y que estaba con tres locas divinas pegandome una ducha. En determinado momento, una de las locas, que ahora era el Teniente Bornell me pedía que la manoseara y yo, me daba cuenta que era un enano y me ponía a llorar.