domingo, octubre 12, 2008

Noche agitada parte 3: Mirame a los ojos

El discapacitado mental que está parado al lado de Muñoz es Nico Baker. Sé que es discapacitado mental porque vi un documental en Discovery, porque está jugando una pulseada china contra sí mismo y va perdiendo, y porque es mi hijo. Muñoz, policía sagaz que fue perdiendo el instinto por tantos años de escritorio y corrupción, presume que es mi hijo. Pero no lo sabe. Si no estuviera tan borracho podría inventarle una historia, decirle que se llama Nico Baker por otra cosa, que se confundió porque es mogólico. Podría incluso citar el documental de Discovery para volver la historia más creíble. Pero no me sale y confieso enseguida: es mi hijo, digo. Y me pongo a llorar. Me la paso llorando, pienso, pero no hay tiempo para pensar porque Muñoz enseguida empieza a hablar. Mirá Baker-arranca-este pibe está más solo que - se ríe- nada, perdón, iba a hacer el chiste de más solo que kung fu pero me arrepentí sobre la marcha. El pibe esta re solo, hace días que no come y que no se cambia los panales. Si, usa panales, siempre los mismos panales desde hace como, ¿Cuánto tiempo Nico?...un mes. El mismo pañal hace un mes. ¿Qué me decís? Y mientras el señor anda pillando muertos por ahí, acá el pibe está solo. Sin un papá. ¿Qué me decís, mi viejo? ¿A vos te parece? Me quedo mudo. Atino a ponerme a llorar, pero no quiero quedar tan marica. Me agarro la cabeza porque estoy preocupado y porque quedo como preocupado. Y porque se me cayeron dos lágrimas. Marica vieja. ¿Qué puedo hacer Muñoz?- encaro de una. En principio te voy a sacar de acá- abre la puerta de la celda. Y después el mundo es tuyo: tenés una pareja, hijos, nietos y un buen pasar. Ahora tenés algo más, Baker: un hijo que necesita amor, porque tiene capacidades diferentes, y un pañal cagado.
Le doy un abrazo a Muñoz, él también me abraza. Giro sobre mis pasos y lo veo a Nico. Está tirado en el piso comiéndose un tornillo. Me agacho y me da un tirón en los abductores. No importa nada, cuando lo miro me dice: Papá.




CONTENCIÓN: Sin ella, un hijo, down o no down, puede meterse en líos y terminar muerto o muy malherido al borde de la muerte.

viernes, octubre 03, 2008

Noche agitada 2: Valentini murió, estoy preso.

Miro un, dos, tres y cuatro polis esperándome afuera. A uno lo conozco de fútbol, los otros dos son pibes y por eso no están corrompidos y van a tratar de atraparme, de romperme las piernas, de llevarse los laureles de atrapar al Capi Baker. El otro es un gordo, si llegara a alcanzarme le pondría dos sopapos bien colocados y se acabó el cuentito. Estoy demasiado borracho para correr. Estoy medio en shock. Murió Valentini, el hombre que más amé esta noche. Pero si voy en cana, me van a pegar, me van a decir trolo y me van a querer hacer el amor. Si le pido un peine al mozo, me puedo hacer un bigote falso, pero ya tengo bigote y no va a servir de nada. Nunca me gustó disfrazarme, nunca me gustó huir. Nunca lo necesité. Antes me plantaba frente a 5 chinos y les ponía los puntos con dos tomas de artes marciales que no las podías creer. Hoy por hoy, mi nieto de 9 años, me gana una pulseada y me humilla frente a todo el barrio. Fue. Chau nostalgia y a correr. Tomo carrera y me mando con un pique corto que en la esquina deviene en trote y a los dos minutos estoy sentado en el patrullero. Soné. Hablan por handy, escuchan Aspen, un tema de Stevie Wonder y parecen orgullosos de haberme capturado. Miro a mi alrededor, hago un mapa mental de la situación, planeo un escape riesgoso pero factible, preparo los músculos, me acomodo en el asiento y cierro los ojos; cuando los abro estoy en un cuarto de uno por uno, con una ventanita enrejada y a oscuras. Tengo al lado a un negro que le dicen Willy "Estoy adentro porque soy un peligro ideológico para este sistema imperial, puedo desbaratar sus ideas con mi arte de vanguardia y mi mordaz crítica" dice, yo no le paso pelota y busco una forma de escapar, él se me acerca "Me agarraron con porro", se sincera, y yo le saco la mano y le digo con la mirada que no quiero ser su amigo. Él entiende, creo.
No hay policías a la vista, así que pienso que escapar va a ser papa, pero después reflexiono y me doy cuenta de que no hay porque escapar, que no hice nada, que mear el craneo de un difunto no es un crimen. También pienso que no tengo abogado y que estoy cagado en los pantalones. Me siento a esperar. Viene Muñoz, un comisario con el que tengo algo de onda.
Se acerca a la puerta, me saluda con un pulgar en alto, después lo baja, pone gesto de que pasa algo serio "Tenemos que hablar de algo ¿Vos lo conocés a este? Dice que se llama Nico Baker."