martes, diciembre 04, 2012

Aquí no ha pasado nada

Dale papote, sacala arafue y decime putita. Son muchas instrucciones juntas, estoy con el topi dorapa, nervioso como never y trasca que con la compu soy alto desastre que le digo “Pupita” y la mina se me caga de risa en la cara. Te digo que la situación es un papelón, pero Maricel, así se llama, tiene una sonrisa preciosa que pim, pim, tiro toda la leche en el keyboard.
Este soy yo, Capi Baker veinte doce, solitario y sentimental. Me mudé a un derpa en Buenos Aires donde vivo mis días de soltero después de lo acontencido con Lulú. Fueron meses duros donde por primera vez metí la nariz en el terrible flagelo de la drogui y ni mis amigos ni mi familia pudieron hacer nada para rescatarme. Ni el arte pudo, me decía a mi mismo en voz alta tirado en el piso sobre un charco de vómito. No me quiero poner chancho pero así era, después de noches sin dormir pasado de rosca y sin la valentía para meterme balazo. Lo loco del caso es que me cayó la ficha que a los 84 años tengo que encarar la vida de otra manera, darme espacios, cultivar vínculos sanos y fuertes y, sobretodo, hacer deporte. Dicho lo cual me anoté en pilates, dejé la cocaína y puse todos mis ahorros acá, en Villa Crespo, un barrio precioso lleno de judíos a los que a veces fantaseo, les meto tiro desde el balcón.
Ahora estoy en esta, la del garche virtual. Algo nuevo para mí que siempre fui del combate mano a mano. Te digo que está bueno, hace dos años que me diagnosticaron una halitosis crónica y por más que me lave el comedor 3 veces por día (en eso soy riguroso) tengo un aliento a culo que me reduce las posibilidades de conquista a casi cero. Frente a esta nueva circunstancia de soledad, la idea de apretar dos botones y resolver el tema me parece soñada. Me acuerdo de Julito diciéndome que me anote en ese chat de solos y solas y yo resistiéndome con argumentos pobrísimos para no asumir que me daba pudor desvestirme sin escuchar un te amo. Julio siempre fue de avanzada, un tipo innovador que se animó a más. Hace año y medio que no lo veo, creo que está enojado y no termino de saber porqué. A decir verdad, los días previos al casamiento fueron muy vertiginosos y creo que estaba fuera de mí. Esta es la primera vez que me siento a escribir algo sobre el asunto y lo hago por consejo de Carlos, mi astrólogo de cabecera. Dios mío, me la jugué por lo que sentía y cuando estaba entrando a la Iglesia, una capilla divina en el centro de Montevideo, caminando a paso lento viendo las caras de los amigos y no tanto, de mis nietos y mis hijas y al final del pasillo en el altar de Lulú, mirándome a los ojos con ternura, no pude más que borrarme del mapa, plantarla 4ever y bajarle la persiana al amor.
No es fácil, fue la primera vez que asumí mi deseo con firmeza y, si bien, le metí 3 meses de llanto parejitos, podía respirar tranquilo sabiendo que había asumido la voluntad que me dictaban mis pelotas.  Como era de esperar, me fui viniendo a pique gradualmente y, en medio de la caía, las malas compañías me sedujeron con sustancias prohibidas que mamma mía que ricas son.
Ahora, noche por medio me clavo one frente al monitor. Pido delivery como un loco y fantaseo con fabricar una mujer robot que pida poco a cambio de hacerme el amor y cantarme tres piropos al oído.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este es el retorno de un gran gran gran zzzzz