miércoles, diciembre 19, 2012

CAPI BAKER POR JULIO RAPPEPOT




JULIO RAPPEPOT:
        ¿Es verdad que naciste en europa en un campo de refugiados de la 1º Guerra Mundial, o es un mito creado por vos mismo para hacerte el canchero y reforzar tu imagen de milico?

CAPITÁN BAKER:
   Hay, como en casi todos los relatos que se escuchan sobre mí o sobre cualquier figura pública, algo de folcklore y algo de realidad. Mis padres eran amantes del turismo carretera, o de lo que en ese momento era el turismo carretera, que consistía en unos coches realmente muy lentos que costaban una fortuna y eran, a primera vista, fulerísimos.
En medio de una carrera de fin de semana, según me cuentan, el motor empieza a fallar, lanza como unos peditos de nafta hasta finalmente  cagarse por completo y cuando se quieren dar cuenta estan en un centro de detención clandestino en las afueras de suiza.
Mi viejo, un despistado de la primera hora, llama a dos guardias pidiéndoles una manito sin darse cuenta que ya le metieron dos tiros a mi vieja en cada gamba que, embarazada, se arrastra dejando un charco de sangre en el piso que no era provocado por la herida -perdón que me ponga escatológico- sino por este servidor que, prematuro salió a la luz en medio de la confusión. Un soretito de 25 cm. No me morí de casualidad.

J. R.:
   Impresionante, cruel, conmovedor ¿a quién querías más, a tu mamá o a tu papá?
  
C. B.:
   Sin duda alguna y no me importa quedar mal, a los dos por igual.

J. R.:
   Si mis fuentes son correctas, ya de muy pibito te mandaron a un colegio de curas, un internado. ¿Era muy rígida la disciplina? ¿Es cierto eso de que los sacerdotes se culean a los chicos? ¿Es cierto que la experiencia te desajustó el CPU para todo el campeonato? 

C.B.:
   De arranque te digo que no sé bien a que te referís con CPU. Lo del colegio de curas es cierto, luego de la experiencia traumática del accidente y mi posterior nacimiento, mis viejos se empezaron a llevar muy mal. Viví con la mala onda entre ellos, con un día a día de cero picos, de cero amor, no sé si me entendes. A los seis años, medio desubicado pero también sensato a mi manera y preocupado por la unión de la familia, les sugerí que fueran a un psicólogo de pareja. Me cagaron a palos, pero me re cagaron a palos. Era 1923 y estaba muy mal visto ir al psicólogo o ser psicólogo. Yo quise hacer un bien y me equivoqué. Pero veinte años después se separaron y eso me dio la razón en un punto. El clima estaba muy caldeado y, por mi cuenta, decidí internarme en Los monjes de Dios Padre. ¿Y sabés en qué pensaba cuando muerto de miedo en la oficina del padre superior hacia dibujos en el piso mientras el padre superior me miraba? Esto es mejor que vivir con ellos. Cualquier cosa es mejor que vivir con ellos. Los amaba con el corazón, pero yo estaba para otra cosa.

J.R.:
   Creo que pifiaste. Avancemos un poco hasta tu adolescencia y despues retomamos. Me voy a poner un poco picante con esto. ¿Cómo fue tu primer contacto con las chicas?

C.B.:
   No me lo olvido más. Hacía tres semanas que habia salido del internado. Tenía 17 años y una calentura tamaño familiar. Un escultor vecino a la casa de mis padres, casi mi mentor, Rudolf Kiroga, fue a buscarme a mi casa para reclamar de muy mala manera unas herramientas que mi padre había robado. Así lo conocí a Rudolf, quien, para compensar la paliza que le dio al viejo Baker, me obsequió un dulce de anís que me gustó porque fue un regalo de corazón. A partir de ese día me visitó siempre, hasta que una tarde me subió a su camioneta y me llevó al centro. Estacionó frente a la puerta de un colegio de monjas. La fachada era identica a mi internado pero estaba repleto de chicas. Rudolf bajo el vidrio: elegí una.
No entendía, me reía nerviosamente hasta que me dijo: dale Bigote, elegí.
Señalé sin mirar. Rudolf se bajó del auto con una pico de loro y se la puso de sombrero a una coloradita. La levantó como si fuera un pullover y la tiró adentro del auto. Tenía la cabeza abierta y era poco probable que se despertara durante un largo rato. Yo estaba en shock, imaginate, era un pibe. Me la garché menos de 10 minutos y me puse a llorar.
      
     J. R.:
   ¿Ahí en la camioneta?

    C. B.:
   Al principio sí. No en la puerta del colegio, había manejado unos kilómetros hasta una ruta perdida. Después se me acalambró una pierna, estaba muerto de miedo y le pedí de bajar. Él la mantenía en pie aplastandole  la nuca contra la puerta del auto. La bombacha abajo y yo atrás de la piba. De repente me quedaba quieto, pensando qué era lo que estaba pasando ahí, pero Rudolf me agarraba el culo con la mano libre y me lo movía de atrás para adelante: garchala, me decía.

J. R.:
   Y después de eso, ¿pudo seguir la relación con la monja? O sea, ¿fueron novios?

    C. B.:
   No, perdoname que te corrija, quizá no me expresé bien. Ella era una piba como yo, 17, 15 años, estudiaba ahí quien sabe por qué. Y no, no fuimos novios. Murió al ratito.

    J. R.:
   Qué lástima, las coloradas me sacan la leche de toque. Contáme, ¿el amor por el arte ya era parte de vos antes de convertirte en un milico asesino, o se fue generando después, quizá alimentado por el horror de la guerra, la falopa y el matrimonio?

C. B.:
   De pibito ya me entusiasmaba, te digo, dibujar, cantar, a veces agarraba ropa de mi mamá y hacía actuaciones delante de todos arriba de la mesa. No quedaban opciones, o era puto o artista. En la adolescencia, después de lo que paso con Rudolf, llegué a pensar que las dos. Pero después me di cuenta que los culos, las tetas y las conchitas me volvían loco. Obvio, en el ejército te comes más de una pija, y con mis parejas en general el trío fue moneda corriente siempre y ahí también la ligué. Estuve enamorado de dos hombres en mi vida. Los dos eran artistas a su manera. Y los dos me rompieron el corazón.

J. R.:
   Por discresión, por respeto y porque soy tu amigo, no te voy a pedir nombres. ¿Uno de los dos putos era Norberto Valentini, no?

C. B.:
   Y el otro el teniente Karam.

J. R.:
   Un tema delicado. Vamos a distendernos un touch. Se sabe que tenés un par de pasiones, sos amante de las putas y "fana" de tus nietos. Si te pongo en el brete de tener que tachar una de las dos, ¿por cuál te jugás?


C. B.:
   Nietos tengo dos. Juli de 10, como pasa el tiempo, y Matías de 13. Matías esta en al pavada, nunca me lo banque mucho y menos ahora. Y Juli es un fenomeno, puedo jugar, conversar, pasear, es algo especial lo que me pasa con el petiso. Pero no me lo puedo coger. Y vos realmente, Julio, crees que es sano vivir sin coger? No, claro. Las putas que yo elijo, por lo general, tienen primario incompleto, así que mal que mal, después de cogérmelas podría hacer lo mismo que hago con Juli.

martes, diciembre 04, 2012

Aquí no ha pasado nada

Dale papote, sacala arafue y decime putita. Son muchas instrucciones juntas, estoy con el topi dorapa, nervioso como never y trasca que con la compu soy alto desastre que le digo “Pupita” y la mina se me caga de risa en la cara. Te digo que la situación es un papelón, pero Maricel, así se llama, tiene una sonrisa preciosa que pim, pim, tiro toda la leche en el keyboard.
Este soy yo, Capi Baker veinte doce, solitario y sentimental. Me mudé a un derpa en Buenos Aires donde vivo mis días de soltero después de lo acontencido con Lulú. Fueron meses duros donde por primera vez metí la nariz en el terrible flagelo de la drogui y ni mis amigos ni mi familia pudieron hacer nada para rescatarme. Ni el arte pudo, me decía a mi mismo en voz alta tirado en el piso sobre un charco de vómito. No me quiero poner chancho pero así era, después de noches sin dormir pasado de rosca y sin la valentía para meterme balazo. Lo loco del caso es que me cayó la ficha que a los 84 años tengo que encarar la vida de otra manera, darme espacios, cultivar vínculos sanos y fuertes y, sobretodo, hacer deporte. Dicho lo cual me anoté en pilates, dejé la cocaína y puse todos mis ahorros acá, en Villa Crespo, un barrio precioso lleno de judíos a los que a veces fantaseo, les meto tiro desde el balcón.
Ahora estoy en esta, la del garche virtual. Algo nuevo para mí que siempre fui del combate mano a mano. Te digo que está bueno, hace dos años que me diagnosticaron una halitosis crónica y por más que me lave el comedor 3 veces por día (en eso soy riguroso) tengo un aliento a culo que me reduce las posibilidades de conquista a casi cero. Frente a esta nueva circunstancia de soledad, la idea de apretar dos botones y resolver el tema me parece soñada. Me acuerdo de Julito diciéndome que me anote en ese chat de solos y solas y yo resistiéndome con argumentos pobrísimos para no asumir que me daba pudor desvestirme sin escuchar un te amo. Julio siempre fue de avanzada, un tipo innovador que se animó a más. Hace año y medio que no lo veo, creo que está enojado y no termino de saber porqué. A decir verdad, los días previos al casamiento fueron muy vertiginosos y creo que estaba fuera de mí. Esta es la primera vez que me siento a escribir algo sobre el asunto y lo hago por consejo de Carlos, mi astrólogo de cabecera. Dios mío, me la jugué por lo que sentía y cuando estaba entrando a la Iglesia, una capilla divina en el centro de Montevideo, caminando a paso lento viendo las caras de los amigos y no tanto, de mis nietos y mis hijas y al final del pasillo en el altar de Lulú, mirándome a los ojos con ternura, no pude más que borrarme del mapa, plantarla 4ever y bajarle la persiana al amor.
No es fácil, fue la primera vez que asumí mi deseo con firmeza y, si bien, le metí 3 meses de llanto parejitos, podía respirar tranquilo sabiendo que había asumido la voluntad que me dictaban mis pelotas.  Como era de esperar, me fui viniendo a pique gradualmente y, en medio de la caía, las malas compañías me sedujeron con sustancias prohibidas que mamma mía que ricas son.
Ahora, noche por medio me clavo one frente al monitor. Pido delivery como un loco y fantaseo con fabricar una mujer robot que pida poco a cambio de hacerme el amor y cantarme tres piropos al oído.